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Fconspiração RE: Bobadilla – farsa e fraude 18-03-2007, 22:05
Autor: Mavasc [responder para o fórum]
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Caríssimo Coelho
Aqui lhe deixo um estudo sobre a rebelião de Rodán e as condições em que sae
vivia nas Índias Ocidentais.
Um abraço Benedita
"Los hermanos del almirante. Rebelión de Roldán
Don Bartolomé Colón era entre los tres hermanos el de mayor conocimiento de los
hombres; activo, prudente, enérgico e instruido; -79- siempre pronto en el sitio
de mayor peligro, manejaba con singular tino la espada y el arte de persuadir.
Sus relevantes dotes de mando se dejaron ver en el acierto con que gobernó la
Española en ausencia del almirante. Recorrió toda la isla, hizo convenios
amistosos con varios caciques obligándolos diestramente a pagar el tributo,
guerreó con fortuna contra los indios que no querían someterse a sus órdenes,
adelantó el laboreo de las minas últimamente descubiertas, y fundó en sus
inmediaciones la ciudad de Santo Domingo, a la que dio este nombre en memoria de
su padre, como justo homenaje de su amor filial. Dio otro gran paso para
facilitar la administración de la isla, y fue, mandar construir dos carabelas
que recorrieran las costas y trasportaran con más comodidad y prontitud víveres,
materiales y gente. Fiel a las instrucciones de su hermano de sacar a todo
trance riquezas de la isla31, ejerció su poder con indios y españoles, con mayor
severidad que lo permitían lo enconado de los ánimos -80- y las circunstancias
de la colonia. El obedecer a extranjeros siempre será dificultoso; la natural
aversión a este yugo sólo podrá tolerarse cuando la necesidad sea imperiosa. A
don Bartolomé Colón, no ligaban más lazos con los españoles que ser hermano del
almirante y lo mismo a su tercer hermano don Diego; lazos débiles a la verdad y
que debieran haberse tenido en cuenta antes de haber resignado en ellos el mando
de la isla. El gran ascendiente que las armas españolas tenían en Italia, y la
preponderancia que a ojos vistas España adquiría en toda Europa y sobre todo en
los Estados Italianos, debía necesariamente influir en todos los españoles; los
de las colonias, que en tan frecuente comunicación se hallaban con los de la
metrópoli, no podían menos que participar de ese espíritu de superioridad que en
tales casos se apodera hasta de los más débiles. Los Colones eran extranjeros e
italianos; es decir, estaban en condiciones bien desventajosas para mandar a
unos hombres imbuidos de un españolismo no mal justificado e inevitable, y que
tenían, además, por consejeros, las enfermedades, los desengaños y el hambre.
Sólo las dotes -81- extraordinarias de don Bartolomé Colón, eran capaces de
reprimir la fermentación de los ánimos. No bien salió de la Isabela para visitar
la isla, se originó un disgusto entre don Francisco Roldán, alcalde mayor de la
isla, y don Diego Colón. El resultado fue el dividirse en dos partidos; unos
seguían la autoridad legítima de los Colones, otros la del rebelde. La conducta
del alcalde mayor y sus partidarios, es digna de censura32. Un hecho singular
hay en esta rebelión y que habla en favor del alzado Roldán; pudo disputar el
mando con las armas, y evitó el derramar sangre. Se retiró con sus partidarios
lejos de la Isabela, y sin darse cuenta de ello, alivió considerablemente la
triste situación de la colonia, reducida casi a unos centenares de enfermos
hambrientos. Los buques despachados por Colón desde Cabo Verde, dieron las
últimas noticias del almirante; éste no podía tardar, y así deseando don
Bartolomé que su hermano hallase tranquilizada la isla, despachó un emisario a
Roldán para ver de arreglarse con él amistosa y pacíficamente. Negose Roldán a
tratar con el adelantado don Bartolomé, y éste, dejándose llevar del enojo,
nombró un tribunal en la Isabela para juzgar a los desobedientes. Esta medida
impolítica -82- puso a los jueces en la necesidad moral de condenar a muerte en
rebeldía al alcalde mayor y sus secuaces. En poder del adelantado todos los
jueces, cualquiera que no votara la muerte de Roldán, debía ser calificado de
partidario suyo. Es verdad que Roldán era contumaz, y que la sentencia de muerte
que sobre él recayó nada tenía de injusta; pero no es menos cierto que esta
sentencia podía exasperar a un hombre que tenía partido en la colonia, y que si
no confió el primer puesto a la suerte de las armas, fue por la sensatez y buen
juicio que le distinguían (H). Cansado y achacoso llegó el almirante a la
Isabela; un terrible desengaño le estaba aparejado. Los rebeldes como los
sumisos habían cometido crueldades o injusticias; las órdenes de don Bartolomé,
y los desórdenes de todos daban este fruto. Esta época creemos fue la de mayor
angustia para los infelices naturales; todo se hallaba en un estado anormal:
escisión, miserias, tropelías; las obras públicas abandonadas, los campos yermos,
las provisiones, como siempre, escasas, los sepulcros llenos. Conociendo el
almirante que la separación de Roldán y los suyos era la raíz principal de
tantas calamidades, se dedicó con singular empeño y prudencia a hacerlos entrar
por buen camino. Comprendió el almirante que no podía, como quiso, reducir con
las armas a Roldán; hizo, pues, de la necesidad virtud, y condescendió con las
peticiones del alzado jefe de justicia33. -83- Terminado este enojoso incidente,
se dedicó el almirante a dar vida a la agricultura y a buscar nuevos criaderos
de oro. Obligó para ello a los indios a un trabajo demasiado violento; y a la
verdad, hombres que habían pasado la mayor parte de su vida meciéndose en sus
hamacas de algodón, y cuya ingénita propensión a no hacer nada es tan conocida,
debían sentir una repugnancia extrema a cualquier organizado trabajo; por poco
que éste fuese. Escollo en que dieron cuantos gobernantes tuvo la isla, incluso
los religiosos jerónimos que con tanto tino y mesura procuraron para los indios
el trabajo moderado, y el buen trato de parte de los españoles.
Los ardientes deseos del virrey no eran otros sino los de seguir las conquistas
tan venturosamente empezadas en el viaje anterior. Exaltose hasta tal punto la
imaginación del descubridor del Nuevo Mundo, que conjeturaba haber hallado la
región donde estuvo el Paraíso; fijo en su idea y suponiendo que desde el
momento en que se permitió a los particulares hacer por cuenta propia viajes de
exploración, nada o poco podía esperar para este fin de la corona, de creer es
que procurase con ahínco sacar recursos de la isla para seguir descubriendo, y
-84- que gravara para ello con fuertes trabajos a los débiles y apáticos
indígenas.
Cuadros. Peticiones de Colón a los reyes. Bobadilla. Sus desaciertos
Como
entre las acertadas disposiciones del almirante figuraba la de remitir a España
todos los enfermos y descontentos, era grande el número que en cada regreso de
buques abandonaba la isla. Los afortunados y rápidos viajes que en todas
estaciones hacían los pilotos españoles, quitaban el miedo de atravesar el mar,
y espoleaban al natural deseo de recobrar la salud y salir de laceria en el
nativo suelo. Don Fernando Colón, hijo e historiador del almirante, nos ha
dejado escrito el lamentable cuadro que presentaban estos desgraciados y sus
familias. Agrupábanse en torno de los reyes las viudas y huérfanos de los
colonos muertos en la Española, y a coro con ellas gritaban desaforadamente los
que habían logrado regresar de la isla: «pagas, pagas». Prorrumpían éstos en
amargas quejas contra los Colones, porque como gobernadores de la isla no les
habían satisfecho sus haberes34. El mismo don Fernando, como paje de los reyes,
era testigo ocular de estas escenas. A ellas se agregaban los informes de la
rebelión de Roldán y las desastrosas -85- consecuencias que de ella vinieron
sobre la isla. Tan repetidas quejas y tan continuados trastornos, no podían
menos de llamar muy seriamente la atención de los reyes, que irritados también
con el almirante por otra remesa de indios que había mandado para que fuesen
vendidos (contraviniendo así lo anteriormente dispuesto), empezaron a sospechar
de la poca aptitud del virrey para el gobierno de la colonia. Había pedido Colón
un magistrado recto y enérgico que administrara justicia en la isla, y también
un juez pesquisidor para que entendiese en los asuntos de los rebeldes, a
condición de que ninguno de ellos limitase sus facultades de virrey.
Aprovechándose de esta petición los reyes, determinaron mandar un sujeto de
probidad y cordura que definitivamente cortara de raíz tantos sinsabores y
disgustos. Francisco de Bobadilla, comendador de la Orden de Calatrava y oficial
de la real casa, fue investido de plenas facultades, recibiendo en su persona
las de los dos sujetos solicitados por Colón; disposición acertada en sí, pero
que desgraciadamente recayó en quien estaba muy lejos de corresponder a la buena
opinión que de él se tenía en la corte. A mediados de julio de 1500 salió
Bobadilla con dos carabelas y una escolta de veinticinco hombres. Si bien es
cierto que llevaba omnímodas facultades, esto también que se le marcaban en las
instrucciones los trámites que había de seguir para llegar a una solución -86-
pacífica y satisfactoria. Lo de pagar cuanto antes los atrasos devengados, era
muy del gusto de la colonia, y con esto empezó Bobadilla a gozar del aura
popular, que se le acrecentó con rebajar al undécimo los derechos de los metales
que se extrajeran. Sorprendido quedó el benemérito almirante al oír la noticia
de la llegada de Bobadilla con tal amplitud de poderes. Escribiole haciéndole
discretas observaciones acerca de algunas medidas que había tomado; todo, dice
el almirante, para ganar tiempo, pues creía que Bobadilla era algún aventurero.
Con toda claridad consta en las cartas dirigidas al cardenal Cisneros por los
primeros franciscanos que fueron a la Española, que Colón trató de defenderse
con las armas; no, dudamos de que el almirante, atónito con el proceder de
Bobadilla, y no pudiendo dar asenso a lo que se decía de la autoridad que le
habían conferido los reyes, no dudamos, repito, de que juntara alguna gente para
oponerse a Bobadilla, al que en un principio juzgó por atrevido aventurero. La
situación de la isla era muy crítica por este tiempo como sabemos, y muy ad hoc
para el caso. Este no imprudente proceder de los Colones, ha dado pie a más de
algún historiador para tildar de rebeldes a Colón y sus hermanos; ligero en
demasía nos parece el juicio, por más que quiera robustecerse con esta frase de
Oviedo acerca de los acontecimientos -87- que prepararon la deposición del
almirante: «las más verdaderas causas quedábanse ocultas, porque el rey e la
reyna quisieron más verle enmendado que maltratado», frase, por lo ambigua,
elástica35. Mas, ¿para qué hemos de buscar razones que echen por tierra tan
absurda rebelión, si el mismo almirante las da poderosísimas? «¿Quién creerá,
dice, que un pobre extranjero se hubiese de alzar en tal lugar contra V. A. sin
causa, ni sin brazo de otro príncipe, y estando solo entre sus vasallos y
naturales, y teniendo todos mis fijos en su real corte?». (Carta de Colón a los
reyes). Pero sigamos.
El nuevo pesquisidor llenó algunos pliegos en blanco de los varios que tenía
firmados por los soberanos; esto irritó al almirante, quien de palabra y por
escrito anuló los nombramientos, fundado en las concesiones de las facultades
perpetuas que él había recibido de los reyes, y que no podían serle abrogadas.
Quizás estos actos de Colón, muy en consonancia con lo pactado entre él y los
monarcas, fue lo que precipitó al inconsiderado Bobadilla. Comunicó éste a Colón
la real cédula en la que los reyes ordenaban al almirante -88- dar fe y
obediencia en todo a Bobadilla, y juntamente le ordenaban presentarse en la
capital. Las instrucciones del nuevo gobernante fueron comunicadas al virrey.
Hubo altercados entre Colón y Bobadilla; con todo, Colón se dirigió casi solo a
Santo Domingo; su mayor guardia era el buen testimonio de la propia conciencia.
No bien supo Bobadilla la llegada de Colón, mandó que se le encerrara en la
fortaleza y que (como a todo reo de Estado) se le pusieran grillos. Tanta
severidad con un anciano de los méritos del almirante, horrorizó aun a los que
más quejas tenían de él; no se encontró quien le pusiera los hierros; sólo un
galopín de cocina se atrevió a ello. Sus otros dos hermanos sufrieron la misma
suerte. Por el contexto de las facultades otorgadas a Bobadilla, no se ve que la
facultad de éste se extendiera hasta el grado que la llevó; mas sea de esto lo
que fuere, este mal juez aherrojó a los tres Colones, sin haber oído sus
descargos; acción indigna de quien debe administrar justicia, si no es que lo
exija la seguridad del reo.
Preparadas las dos embarcaciones que debían llevar a España a los ilustres
presos, se hicieron a la vela a principios de octubre. Alonso Vallejo, encargado
de la conducción del almirante, y Andrés Martín, dueño de la carabela en que iba
Colón, le prodigaron toda clase de atenciones. No bien salieron del puerto,
cuando Vallejo, sombrero en mano, se arrodilló ante -89- Colón para quitarle por
sí mismo los grillos; agradeció el almirante esta conducta del capitán del buque,
pero no consintió en ello. En pocos días de feliz navegación llegaron a Cádiz,
donde no muchos años atrás había recibido Colón grandes ovaciones. Si
extraordinario fue el asombro que produjo en toda España la llegada de Colón
cuando descubrió la América, no menos fue el que se experimentó al saber que
había llegado a Cádiz con grillos en los pies. Un sentimiento general de
indignación se levantó doquiera, y Colón leyó en él la reprobación que el pueblo
todo hacía de la conducta de Bobadilla. Cuando los reyes tuvieron por ella
conocimiento de la conducta observada con Colón, le escribieron con todo afecto,
doliéndose del proceder que con él se había usado, y le remitieron fondos para
que se presentara en la corte cual convenía a su posición de almirante. No
necesitó Colón de descargos de su conducta: la extensa memoria que de su
gobierno había redactado durante el viaje, no le fue admitida por los reyes,
dándose por satisfechos de ella para no lastimar a aquel anciano cuyos últimos
años tenía que pasar en no interrumpidas amarguras. Le aseguraron que se le
devolverían sus bienes y privilegios; que no se haría caso de las informaciones
de Bobadilla, y que se le quitaría inmediatamente a éste el mando de que tan
indignamente había abusado. Si Bobadilla hubiera ajustado su conducta a -90- las
instrucciones recibidas, seguramente hubieran resultado fundadas acusaciones
contra la administración de Colón y sus hermanos36; la extemporánea energía de
aquél, promovió en los reyes y el pueblo la debida generosa reacción que
absolvió de toda culpa al benemérito almirante de las Indias de occidente37.
La continua súplica de Colón era que se le permitiera volver a la Española a
ejercer en ella su gobierno. "
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes,
Estudios críticos acerca de la dominacion española en America, P Ricardo
Cappa, Comp. de Jesus
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RE: Cristóvão
Colombo em João de Barros 12-12-2006, 16:57
Autor: Mavasc [responder para o fórum]
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Caros confrades
Aqui deixo um breve texto que relata o princípio da decadência de Clombo
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Número 8 • Janeiro-Março de 2000
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O Achamento da Terra de Vera Cruz
Jorge Couto
[Imagem:] Regimento de D. Manuel I para a armada de Pedro Álvares Cabral à
Índia, 1500. Instituto dos Arquivos Nacionais/Torre do Tombo.
Pouco depois de Duarte Pacheco ter relatado a D. Manuel I os resultados da sua
viagem e de o informar sobre a existência de um continente no hemisfério
ocidental1, fundeou no Tejo, a 10 de Julho de 1499, a nau Bérrio, primeira
embarcação da armada de Vasco da Gama a regressar a Lisboa, trazendo a notícia -
e as provas - do descobrimento do Caminho Marítimo para a Índia, facto que
desencadeou, desde logo, uma febril actividade por parte da Coroa portuguesa nos
domínios diplomático, organizativo e militar, destinada a estruturar a primeira
ligação comercial oceânica euro-asiática.
A divulgação deste evento - que suscitou grande admiração e curiosidade na
Europa - teve importantes repercussões internacionais sobretudo em Castela e
Veneza, os dois estados europeus cujos interesses eram mais duramente atingidos
pela nova situação. O rei de Portugal certamente não desconhecia que o sucesso
da frota de Vasco da Gama provocaria profunda decepção em Castela, uma vez que
os Reis Católicos estavam empenhados, desde 1492, em atingir esse mesmo
objectivo. O conhecimento dessa realidade, bem como a conveniência em obter um
rápido reconhecimento internacional dos direitos portugueses à rota do Cabo,
levaram D. Manuel I a actuar muito rapidamente junto das cortes castelhana,
imperial e pontifícia.
A 12 de Julho, dois dias após o acontecimento, o Venturoso apressou-se a
escrever a Isabel e Fernando para comunicar-lhes o feliz sucesso da empresa, não
esperando sequer pela chegada do comandante da expedição. Na missiva
salientava-se a existência de grandes e ricas cidades, sublinhava-se a
descoberta dos circuitos mercantis orientais e de minas de ouro; realçava-se a
carga de especiarias (canela, cravo, gengibre, noz-moscada, pimenta e outras) e
de pedras preciosas (incluindo rubis) trazida pelo navio comandado por Nicolau
Coelho e forneciam-se informações - que posteriormente se verificaram ser
erróneas - sobre a natureza cristã das populações "índias", embora com reservas
sobre a ortodoxia das suas crenças e ritos2.
O monarca lusitano informou também, em diferentes datas, o imperador Maximiliano
I, o papa Alexandre VI, o colégio dos cardeais e D. Jorge da Costa, cardeal de
Portugal e influente membro da Cúria romana, das novas da Índia. Numa missiva
datada de 28 de Julho de 1499, dirigida ao primo, Maximiliano de Habsburgo, D.
Manuel I utiliza, pela primeira vez, além dos títulos herdados do seu
antecessor, os de "senhor da conquista, navegação e comércio da Etiópia, Arábia,
Pérsia e Índia"3, forma simbólica de afirmar perante os outros príncipes
cristãos o direito português ao monopólio de acesso ao Índico, baseado na
primazia da descoberta e nas antigas concessões papais.
Na epístola dirigida ao cardeal Alpedrinha, datada de 28 de Agosto, após o
regresso da nau São Gabriel, sob o comando de João de Sá, o rei fornecia-lhe
importantes dados de natureza geopolítica, económica e religiosa sobre o
Oriente. Enviava-lhe, também, cópias das cartas remetidas ao papa e ao colégio
dos cardeais, solicitava-lhe - apesar de afirmar explicitamente que as doações
apostólicas reconheciam os direitos da Coroa de Portugal às terras orientais - a
sua intervenção junto do pontífice e dos cardeais no sentido de, em sinal de
júbilo pelo feito, obter a confirmação das bulas anteriormente outorgadas4,
medida destinada a precaver a eventualidade do aparecimento de concorrentes
europeus ou contestação por parte de Castela.
O relato que, depois de 29 de Agosto, Vasco da Gama transmitiu a D. Manuel I
sobre o complexo quadro geopolítico vigente nas fachadas africana e asiática do
Índico, bem como as preciosas informações fornecidas por Gaspar da Índia5
induziram o monarca a concluir que a implantação portuguesa no Oriente iria
deparar com significativas dificuldades devido à existência de uma numerosa e
influente comunidade muçulmana que controlava as redes comerciais índicas, tendo
recebido com visível hostilidade a frota portuguesa que aportou a Calecut.
[Imagem:] Armada de Pedro Álvares Cabral no Livro de Lisuarte de Abreu, c.
1558-1564. The Report Morgan Library, Nova Iorque
O entendimento de que a penetração comercial lusitana nos circuitos mercantis
orientais encontraria séria oposição esteve na base da decisão real,
provavelmente a conselho de Vasco da Gama, de enviar uma grande armada que
demonstrasse o poderio militar de Portugal e que funcionasse como importante
suporte das pretensões lusas em estabelecer uma feitoria e uma missão na capital
do Samorim. O poder de fogo da esquadra deveria, ainda, exercer uma função
dissuasória face ao surgimento de eventuais resistências.
A recepção em Castela das novas oriundas de Portugal contribuiu para agravar o
descrédito de Cristóvão Colombo perante os Reis Católicos6 e levou-os a
introduzir importantes modificações na sua política relativamente ao poente. No
último trimestre de 1498, o Almirante do Mar Oceano enviara aos seus soberanos
uma relação e uma pintura sobre a "terra firme grandíssima" que tinha descoberto
na sua terceira viagem7, bem como informações sobre a existência de pérolas na
parcela da orla marítima sul-americana baptizada de Costa de Pária. Com base nos
relatos e no mapa colombianos, D. João Rodríguez de Fonseca, representante de
Isabel e Fernando para os assuntos das "Índias", autorizou Alonso de Ojeda, João
de la Cosa e Américo Vespúcio, bem como Pedro Alonso Niño e Cristóvão Guerra, a
empreenderem viagens na região ocidental (1499-1500).
Os resultados alcançados por Vasco da Gama convenceram os Reis Católicos a
ignorar definitivamente o exclusivo concedido a Colombo, autorizando a
celebração de capitulações com outros candidatos que pretendessem efectuar
explorações nas paragens ocidentais em busca da Ásia. Como consequência dessa
nova orientação política, partiram, em finais desse ano, as expedições
capitaneadas por Vicente Yáñez Pinzón e Diogo de Lepe (1499-1500), seguindo-se,
no ano imediato, as de Rodrigo de Bastidas (1500-1502) e de Alonso Vélez de
Mendoza (1500-1501)8.
A determinação régia em incrementar as viagens castelhanas ao hemisfério
ocidental, promovidas por andaluzes, tinha por objectivo alcançar o Oriente
conforme revela a seguinte passagem da edição de 1516 das Décadas de Pedro
Mártir de Anghiera referente a um trecho da costa sul-americana reconhecido
pelos homens de Pinzón: "tinham percorrido já 600 léguas pelo litoral de Pária
e, segundo pensam, passado além da cidade de Cataio e da costa da Índia além do
Ganges"9.
Os preparativos para o envio da segunda armada da Índia decorreram rapidamente e
desenvolveram-se em várias frentes. A diplomacia lusitana encetou, com êxito,
diligências junto de Roma no sentido de alcançar concessões apostólicas que
permitissem desenvolver acções evangelizadoras, fundar conventos e organizar
eclesiasticamente a Índia10. Paralelamente, D. Manuel I procurou obter em
Castela até 1500 marcos de prata destinados à aquisição de produtos orientais11.
Um documento de significativa importância - o "apontamento das coisas
necessárias às naus da armada" - redigido entre meados de Setembro e 4 de
Novembro de 1499, contém minuciosas recomendações destinadas à organização da
viagem. O seu autor salienta a necessidade de se elaborarem os regimentos
destinados às duas figuras chave da expedição - Vasco da Gama, então indigitado
para o cargo de capitão-mor, e Bartolomeu Dias, responsável pela flotilha de
caravelas destinada a Sofala - a vantagem de se nomear um sota-capitânia, de se
designarem, com antecedência, os restantes capitães e os respectivos escrivães,
mestres e pilotos, bem como de se elaborarem as instruções para os capitães,
feitor e escrivães. Este memorando alude, também, à indicação dos clérigos,
frades e bombardeiros, à dotação de cartas de marear para todas as embarcações,
ao fornecimento de apetrechos, mantimentos, armas e munições destinados à
esquadra e, ainda, ao envio de cartas e presentes aos reis de Calecut, Melinde e
a outros soberanos não especificados12.
[Imagem:] Rota da armada de Pedro Álvares Cabral entre Lisboa e o Brasil.
Por Carta Régia de 15 de Fevereiro de 1500, o soberano nomeou para o cargo de
comandante da frota Pedro Álvares de Gouveia (Cabral)13, secundogénito de Fernão
Cabral, senhor de Belmonte e corregedor da Beira, embora anteriormente tivesse
escolhido Vasco da Gama para exercer aquela função14. A preparação da armada
mereceu os maiores cuidados, tendo o escrivão António Carneiro ouvido o
Almirante da Índia e registado os seus conselhos15, que foram utilizados na
elaboração do regimento real.
Quer o "borrão original" das ordens régias fornecidas a Cabral16, quer os
fragmentos da minuta do regimento da esquadra de 150017 denotam preocupações
relacionadas com o estabelecimento de alianças com vários soberanos locais (em
especial com os senhores de Calecut e Melinde), o ataque à navegação muçulmana
no Índico, a participação no comércio das especiarias orientais, o
estabelecimento de uma feitoria em Calecut e o desenvolvimento de actividades
missionárias na Índia. Os referidos documentos estão, contudo, incompletos, não
possuindo, curiosamente, os fólios iniciais referentes à travessia do Atlântico
Sul que interessam directamente à questão do descobrimento do Brasil.
Não chegaram aos nossos dias os regimentos confiados aos capitães dos restantes
navios, sabendo-se, todavia, que foram elaborados vários, designadamente o
destinado a Bartolomeu Dias, conforme se deduz da leitura das notas apostas nas
margens e no reverso do "borrão" das instruções adicionais entregues a Cabral
18. No entanto, conservaram-se as minutas integrais dos regimentos dados aos
escrivães da receita (Martinho Neto e Afonso Furtado) e da despesa (Gonçalo Gil
Barbosa e Pêro Vaz de Caminha) da feitoria que D. Manuel projectava estabelecer
em Calecut e cuja direcção tinha sido atribuída a Aires Correia19.
A 9 de Março de 1500 zarpou de Belém a segunda armada da Índia, constituída por
13 velas (9 naus, 3 caravelas e 1 naveta de mantimentos) capitaneadas por
Cabral, Sancho de Tovar (que comandava a nau El-Rei, estando investido no cargo
de sota-capitânia, ou seja, lugar-tenente, tendo por missão substituir o
capitão-mor em caso de impedimento deste), Simão de Miranda de Azevedo, Aires
Gomes da Silva, Nicolau Coelho, Nuno Leitão da Cunha, Vasco de Ataíde,
Bartolomeu Dias, Diogo Dias, Gaspar de Lemos, Luís Pires, Simão de Pina e Pêro
de Ataíde20.
A esquadra transportava entre 1200 e 1500 homens, incluindo a tripulação, a
gente de guerra, o feitor, os agentes comerciais e escrivães, o cosmógrafo
mestre João, um vigário e oito sacerdotes seculares, oito religiosos
franciscanos, os intérpretes, os indianos que tinham sido levados para Lisboa
por Vasco da Gama e alguns degredados.
A 14 desse mês, a armada passou ao largo do arquipélago das Canárias e a 22
alcançou as ilhas de Cabo Verde, tendo o capitão-mor optado por não se deter
nessas ilhas para efectuar a aguada prevista nas instruções. No dia seguinte,
sem que tivesse ocorrido qualquer tempestade, desapareceu a nau de Vasco de
Ataíde, resultando infrutíferas todas as tentativas para a encontrar21. É
provável que a intensa cerração que se faz sentir nessa região, conjugada com
nuvens de poeira oriundas da costa sariana que provocam má visibilidade, possam
ter estado na origem do naufrágio22.
[Imagem:] Rota provável de aproximação da armada ao litoral brasílico, da
autoria de Max Justo Guedes
Entre os dias 29 e 30, a esquadra encontrar-se-ia a 5º N, iniciando a penetração
na zona das calmarias equatoriais - que levou dez dias a transpor - tendo a
corrente equatorial sul afastado a sua rota cerca de noventa milhas para oeste.
A 1º 1/4 a norte do Equador, a frota encontrou vento escasso, iniciando, então,
de acordo com as recomendações do Gama, a volta pelo largo em busca do alísio de
sueste, rumando muito provavelmente para sudoeste, devido ao regime de ventos
que ocorre na região. Ultrapassada a linha equinocial, por volta de 10 de Abril,
a rota terá sido corrigida para su-sudoeste, passando a frota a cerca de 210
milhas a ocidente do arquipélago de Fernando de Noronha23.
Nessa época do ano - em que vigora a monção de sueste (Março a Setembro) no
trecho da costa nordestina compreendido entre o cabo Calcanhar (5º 09' S) e o
rio de São Francisco (10º 31' S) - atenua-se o efeito de arrastamento para oeste
a partir da latitude do cabo de São Roque (5º 29' S) devido à divisão, nas
imediações desse acidente geográfico, da corrente equatorial sul em dois ramos:
a "corrente das guianas" - que prossegue para oeste e nas proximidades da orla
marítima inflecte para noroeste - e a "corrente brasileira", que se dirige para
o quadrante sudoeste, descendo ao longo da faixa litorânea com um afastamento da
ordem das 120 a 150 milhas, permitindo, assim, um aumento da velocidade dos
navios24.
Por volta do dia 18, a armada encontrar-se-ia na altura da Bahia de
Todos-os-Santos (13º S), área em que o vento se aproxima bastante de leste,
favorecendo a busca de terra, pelo que a esquadra terá passado a navegar a um
rumo próximo do sudoeste, fechando sempre sobre a costa25.
Na terça-feira, 21, segundo o testemunho do célebre escrivão cabralino, os
membros da tripulação encontraram alguns sinais de terra: "muita quantidade
d'ervas compridas a que os mareantes chamam botelho e assim outras, a que também
chamam rabo d'asno"26. Apesar de, nessa latitude (cerca de 17º S), dispor de
vento favorável - que sopra francamente de leste - para atingir mais rapidamente
o seu objectivo prioritário que era o de alcançar a monção do Índico, o
capitão-mor alterou deliberadamente o rumo para oeste em busca de terra.
A 22 de Abril toparam, pela manhã, "com aves, a que chamam fura-buchos... e, a
horas de véspera [entre as 15 horas e o sol-posto]," tiveram "vista de terra,
isto é, primeiramente d'um grande monte, mui alto e redondo, e d'outras serras
mais baixas a sul dele e de terra chã com grandes arvoredos, ao qual monte alto
o capitão pôs nome o Monte Pascoal e à terra a Terra de Vera Cruz"27.
Após este achamento, a armada fundeou a cerca de 6 léguas (19 milhas) da costa.
No dia imediato (quinta-feira, 23 de Abril), os navios mais ligeiros
(caravelas), seguidos pelos de maior tonelagem (naus), procedendo cautelosamente
a operações de sondagem, ancoraram a cerca de meia légua (milha e meia) da foz
do posteriormente denominado rio do Frade. Foi, então, decidido enviar um batel
a terra, comandado por Nicolau Coelho, para estabelecer relações com os
indígenas que se encontravam na praia.
Os primeiros contactos entre os tripulantes da pequena embarcação e o grupo de
18 a 20 ameríndios foram dificultados pelo barulho ensurdecedor provocado pela
rebentação que impediu tentativas mais prolongadas de entendimento. Contudo,
ainda houve oportunidade para trocar um barrete vermelho, uma carapuça de linho
e um sombreiro preto por "um sombreiro de penas d'aves, compridas, com uma
copazinha pequena de penas vermelhas e pardas, como de papagaio...e um ramal
[colar] grande de continhas brancas, miúdas..."28.
[Imagem:] O Monte Pascoal visto do mar
Na noite de quinta para sexta-feira, uma forte ventania de "sueste, com
chuvaceiros, que fez caçar [afastar do local onde estavam fundeadas] as naus,
especialmente a capitânia", levou a que os capitães e os pilotos decidissem
aproar para norte, ao amanhecer, em busca de um ancoradouro abrigado, onde
pudessem verificar o estado de abastecimento da frota em água e lenha, com o
objectivo de dispensar a aguada na costa de África.
Depois de percorrerem cerca de 10 léguas (quase 32 milhas), os pilotos
ultrapassaram a barra do Buranhém29, encontraram "um arrecife [a Coroa Vermelha]
com um porto dentro, muito bom e muito seguro [a baía Cabrália], com uma mui
larga entrada", onde lançaram as âncoras, tendo as naus fundeado a cerca de uma
légua do recife, por terem atingido o local pouco antes do pôr-do-sol. Afonso
Lopes30, piloto do capitão-mor, sondou o porto, tendo, no decurso dessa
operação, capturado dois mancebos que se encontravam numa almadia e conduzido-os
para a nau-capitânia com o objectivo de os interrogar31.
No sábado, 25 de Abril, as embarcações de maior tonelagem penetraram na baía, aí
fundeando. Concluídas as tarefas de marinharia, reuniram-se todos os comandantes
na nau de Cabral, sendo Nicolau Coelho e Bartolomeu Dias incumbidos pelo
capitão-mor de devolver à liberdade, com presentes, os dois nativos aprisionados
na véspera e de desembarcar o degredado Afonso Ribeiro, que tinha por missão
obter informações mais detalhadas sobre os autóctones.
Na praia encontravam-se perto de 200 homens armados com arcos e flechas,
tendo-os deposto a pedido dos seus companheiros que se encontravam nos batéis. A
partir de então começaram progressivamente a estabelecer-se relações cordiais
entre os marinheiros lusos e os tupiniquins traduzidas em trocas de objectos
(carapuças, manilhas e guizos por arcos, flechas e adornos de penas) e na
colaboração prestada pelos indígenas nas operações de abastecimento de água e
lenha.
Os ameríndios não permitiram que o degredado ficasse entre eles, compelindo-o a
regressar à armada. Na tarde do mesmo dia, uma parte da tripulação foi folgar e
pescar no ilhéu, distante da praia, onde os nativos só tinham possibilidades de
chegar a nado ou em canoa. Esta decisão foi tomada por Cabral como medida de
segurança para evitar quaisquer hipóteses de ataques de surpresa de que, por
exemplo, os tripulantes das expedições de Dias e Gama tinham sido alvo na costa
africana.
No domingo, dia de Pascoela, o capitão-mor mandou armar, no ilhéu da Coroa
Vermelha, um altar destinado à celebração da missa. A primeira cerimónia cristã
no Brasil, à qual assistiram a tripulação e cerca de duzentos tupiniquins que se
encontravam na praia fronteiriça, foi presidida por Frei Henrique de Coimbra,
guardião dos franciscanos, que, num improvisado púlpito, também se encarregou da
pregação, dissertando sobre o significado da quadra pascal e do descobrimento
daquela terra.
No mesmo dia, o comandante reuniu em conselho na nau-capitânia todos os capitães
da esquadra que concordaram com a sua proposta no sentido de mandar ao rei o
navio auxiliar com a "nova do achamento" da Terra de Vera Cruz e, também, com a
missão de a explorar mais detalhadamente na viagem de regresso. Foi ainda
deliberado que se não tomasse nenhum indígena para o enviar ao reino, optando-se
apenas por deixar dois degredados com a missão de aprender a língua e recolher
informações. Terminada a reunião, o capitão-mor foi efectuar um reconhecimento
das margens do rio Mutari, autorizando a tripulação a folgar, circunstância que
foi aproveitada por Diogo Dias para organizar um baile, ao som de gaita, no qual
participaram portugueses e ameríndios.
[Imagem:] Vista da praia da Coroa Vermelha
Nos dias imediatos procedeu-se à transferência da carga da naveta de mantimentos
para as outras onze embarcações, à conclusão do aprovisionamento de água e
lenha, à construção de uma grande cruz, à prossecução das tentativas para obter
mais informações sobre os habitantes da terra e à criação de um clima de
cordialidade com os tupiniquins, alguns dos quais foram convidados a tomar
refeições e a pernoitar nas naus.
O cosmógrafo, bem como os pilotos das naus do capitão-mor e do sota-capitânia,
respectivamente, Afonso Lopes e Pêro Escobar32, aproveitaram a permanência em
terra para armar na praia o grande astrolábio de pau - mais fiável do que os
pequenos astrolábios de latão utilizados a bordo33 - com o objectivo de tomar a
altura do Sol ao meio-dia, comparar os cálculos das léguas percorridas e estimar
a distância a que se encontravam do cabo da Boa Esperança. A medição da latitude
da baía Cabrália (que está actualmente fixada em 16º 21' S), efectuada a 27 de
Abril por aqueles três técnicos, deu o resultado de 17º S, tendo, por
conseguinte, uma margem de erro inferior a 40' por excesso.
Na carta que enviou a D. Manuel I, mestre João Faras34, além de recomendações de
natureza náutica, procede à primeira descrição e a um esboço de representação da
Cruz, ou seja, da constelação austral35. O cosmógrafo e físico régio acrescenta,
ainda, uma passagem em que informa o monarca de que, para conhecer a localização
da nova terra, bastaria consultar o mapa-múndi que se encontrava em Lisboa, na
posse de Pêro Vaz da Cunha, o Bisagudo, onde a mesma estava desenhada. No
entanto, ressalva que se tratava de uma carta antiga, não indicando se a terra
era ou não habitada36. Esta referência a uma hipotética representação
cartográfica da Terra do Brasil, anterior a Abril de 1500, tem suscitado acesa
polémica devido às implicações decorrentes da sua interpretação apontarem ou não
para a existência de precursores de Cabral naquela região brasílica.
Não são concordantes as opiniões dos autores dos três relatos sobre o
descobrimento do Brasil relativamente à natureza da terra achada. Pêro Vaz de
Caminha considera-a uma ilha, uma vez que no encerramento da Carta a D. Manuel
data-a de "Porto Seguro, da vossa ilha da Vera Cruz, hoje, sexta-feira, primeiro
dia de Maio de 1500". O bacharel mestre João, por seu turno, refere que
"...quase entendemos por acenos que esta era ilha, e que eram quatro, e que de
outra ilha vêm aqui almadias...", endereçando a sua missiva de "Vera Cruz no
primeiro de Maio de 500".
O autor da vulgarmente designada Relação do Piloto Anónimo aborda a questão de
forma mais dubitativa, indicando que a terra era "grande, porém não pudemos
saber se era ilha ou terra firme", adiantando, contudo, que se inclinava para a
"última opinião pelo seu tamanho"37. Esta última testemunha não ficou, todavia,
circunscrita ao litoral reconhecido até à baía Cabrália, tendo tido
oportunidade, no prosseguimento da derrota rumo ao cabo da Boa Esperança, de
avistar mais uma parcela da orla marítima, o que lhe permitiu adquirir uma visão
mais próxima da realidade.
A 1 de Maio, sexta-feira, o capitão-mor procedeu à escolha do sítio onde deveria
ser erguida a grande cruz construída em madeira da terra, de forma a, de acordo
com o escrivão cabralino, "melhor ser vista". Este facto denota a preocupação em
assinalar aquela excelente aguada para as armadas vindouras, tal como o havia
feito Vasco da Gama na costa de África, em 1497, ao mandar carpinteirar uma cruz
de um mastro grande para mais eficazmente sinalizar a angra de São Brás38.
[Imagem:] Pormenor do Planisfério anónimo português de 1502, dito de Cantino.
Biblioteca Estense, Modena
Foi então organizada uma procissão que transportou a cruz, em que foram pregadas
as armas e a divisa reais, até ao local seleccionado, situado nas proximidades
da foz do rio Mutari, que não é visível do mar, onde a implantaram, seguindo-se
a celebração da segunda missa na Terra de Vera Cruz. Concluídas as cerimónias
litúrgicas, o comandante da expedição ordenou a partida para Lisboa da naveta de
mantimentos, comandada por Gaspar de Lemos, enviando ao rei papagaios, arcos,
flechas e outros objectos fornecidos pelos tupiniquins, bem como as missivas dos
capitães, do feitor, do cosmógrafo e do escrivão sobre o "achamento da terra
nova".
No sábado, 2 de Maio, a esquadra cabralina zarpou do ancoradouro brasílico,
deixando, todavia, em terra, dois grumetes que tinham desertado nas vésperas da
partida e igual número de degredados "os quais começaram a chorar, e foram
animados pelos naturais do país que mostravam ter piedade deles"39.
O navio alvissareiro efectuou, na viagem de retorno a Lisboa, um reconhecimento
do litoral brasílico compreendido entre Porto Seguro e o cabo de São Jorge40 -
identificado com o actual cabo de Santo Agostinho - numa extensão superior a 150
léguas, o que permitiu obter a confirmação de que se tratava de um continente. O
traçado geral da faixa costeira explorada, uma legenda alusiva ao descobrimento,
os topónimos correspondentes às estremas atingidas, sendo que a do norte se
encontra assinalada com uma bandeira das Quinas, foram, na sequência da
expedição cabralina, inseridos no padrão cartográfico real.
D. Manuel I recebeu, provavelmente no decorrer do mês de Julho de 15004 1,
Gaspar de Lemos, tomando conhecimento dos sucessos protagonizados pela segunda
armada da Índia até 1 de Maio, inclusive, bem como da existência no poente de
uma grandiosa terra firme austral. Na previsão de que a descoberta da Terra de
Vera Cruz pudesse suscitar a eclosão de disputas com Castela acerca da esfera de
influência em que o novo domínio se situava, o rei decidiu manter segredo sobre
o assunto até obter informações sobre os respectivos limites.
Em data muito próxima da arribada ao Tejo da naveta de mantimentos chegaram a
Lisboa as novas do falecimento de D. Miguel da Paz, ocorrido em Granada a 17 de
Julho de 1500, o que não suscitou manifestações de pesar42 porquanto significava
o fim da união ibérica que se concretizaria quando o príncipe subisse aos tronos
de Castela, Aragão e Portugal. A sucessão dos dois primeiros reinos recaía
automaticamente em D. Joana (futura Joana a Louca) e no varão que havia poucos
meses dera à luz (o futuro Carlos I de Espanha e Carlos V do Sacro Império
nascera a 24 de Fevereiro desse ano).
A morte de D. Miguel reabriu o problema da sucessão da Coroa de Portugal, uma
vez que não havia um único descendente legítimo da dinastia de Avis. A
inexistência de um herdeiro do trono conferiu grande premência ao casamento do
rei, tendo D. Manuel iniciado rapidamente negociações com os Reis Católicos com
vista a consorciar-se com a infanta D. Maria, terceira filha daqueles monarcas.
O Venturoso não teve dificuldades em obter o assentimento de Isabel e Fernando,
que também desejavam aquele enlace, tendo-se realizado os esponsais em Alcácer
do Sal a 30 de Outubro de 150043.
Estes acontecimentos condicionaram o calendário político manuelino até finais do
ano, pelo que não foram adoptadas iniciativas susceptíveis de criar atritos com
Castela-Aragão, que pudessem dificultar ou inviabilizar a concretização do
matrimónio régio. No início de 1501, ultrapassados os constrangimentos
politico-diplomáticos já referidos e encerrado o período de festividades
inerentes ao evento, o rei de Portugal tomou decisões conducentes a integrar
funcionalmente os domínios do Novo Mundo no contexto do Império.
[Imagem:] Mapa do Brasil chamado de «Atlas Miller», atribuído a Lopo Homem
Reinéis, 1519. Bibliothèque National de France, Paris.
A primeira consistiu em dar instruções a João da Nova, capitão-mor da terceira
armada da Índia, para tomar refresco na Terra de Santa Cruz44. Com efeito, a
frota zarpou do Tejo na primeira quinzena de Março, iniciou a aproximação ao
litoral brasílico por alturas do cabo de Santo Agostinho e efectuou a aguada na
costa pernambucana45.
A segunda - e mais importante - foi a de armar uma flotilha de três caravelas,
cujo comando confiou a Gonçalo Coelho, com a missão de determinar os limites da
terra firme descoberta por Cabral. É muito provável que entre os objectivos
cometidos à expedição de 1501-1502 se encontrasse o de efectuar um levantamento
das potencialidades económicas da Terra de Santa Cruz, facto indiciado pela
participação de dois destacados florentinos que se encontravam intimamente
associados a empreendimentos marítimos e comerciais nas "Índias de Castela".
Um dos italianos era Gerardo Verde, irmão de um grande mercador originário da
Toscana, Simão Verde, que fundara uma companhia comercial solidamente implantada
na Andaluzia46. O outro era Américo Vespúcio que, após ter sido impedido de
embarcar na expedição de Vélez de Mendoza devido às recentes disposições régias
proibindo a participação de estrangeiros nos navios castelhanos com destino ao
poente47, foi aliciado, segundo o seu testemunho, pelos "nossos florentinos de
Lisboa"48 no sentido de se transferir para Portugal. O facto de Vespúcio ter
desempenhado as funções de feitor de Juanoto Berardi, que havia sido
correspondente na Andaluzia de Bartolomeu Marchioni49, terá contribuído para que
D. Manuel I resolvesse incorporá-lo na expedição chefiada por Coelho com a
finalidade de efectuar uma prospecção dos produtos com interesse comercial
existentes na Terra de Santa Cruz.
A concordância em aceitar os serviços do florentino poderá, também, ter ficado a
dever-se ao facto do Venturoso pretender agir cautelosamente na definição da
soberania portuguesa no hemisfério ocidental, utilizando um estrangeiro neutral
que tinha participado na expedição de Ojeda aos territórios americanos
pertencentes à Coroa de Castela e que poderia, no caso de ocorrer um conflito
luso-castelhano sobre a soberania ou os limites do Brasil, testemunhar que a
viagem organizada por Portugal se destinava a terras desconhecidas, incluídas na
sua área de jurisdição, não constituindo qualquer violação do Tratado de
Tordesilhas.
A prudente actuação de D. Manuel I destinar-se-ia a garantir que a implantação
da presença lusitana na Terra de Santa Cruz não suscitasse a hostilidade dos
Reis Católicos de forma a permitir-lhe concentrar prioritariamente os meios
disponíveis na cruzada anti-muçulmana no Oriente, no Norte de África e no
Mediterrâneo, o que pode ser ilustrado com a partida, a 15 de Junho de 1501, de
uma grande armada (30 naus, navios e caravelas), comandada por D. João de
Meneses, conde de Tarouca, com o objectivo de socorrer os venezianos e conter a
ameaça turca.
Os navios de Gonçalo Coelho zarparam de Lisboa entre 10 e 14 de Maio de 1501,
dirigindo-se a Bezeguiche (Senegal) para tomar refresco. No final do mês
encontraram surtas nesse porto duas naus da armada de Cabral que regressavam da
Índia, tendo-se efectuado importantes conciliábulos entre alguns membros de
ambas as tripulações que permitiram a Vespúcio chegar à conclusão de que a Terra
de Santa Cruz pertencia ao mesmo continente que ele havia visitado no decurso da
expedição de Ojeda, situando-se, todavia, na região meridional50.
Apesar de todas estas movimentações, não transpiraram notícias sobre a
descoberta efectuada pela esquadra de Cabral nas paragens ocidentais, o que
revela a existência de um calendário político para a sua divulgação. O argumento
de que a inexistência de informações sobre o assunto se teria ficado a dever à
pouca importância atribuída por D. Manuel I ao achamento do Brasil é infirmado
pela tomada das decisões já referidas que apontam no sentido contrário ao dessa
hipótese.
Na noite de 23 para 24 de Junho de 1501 chegou ao Tejo a nau Anunciada,
pertencente à sociedade constituída entre D. Álvaro e os mercadores italianos,
comandada por Nuno Leitão da Cunha51, primeira unidade da segunda armada da
Índia a regressar do Oriente. A partir de 26 desse mês, as missivas de italianos
residentes em Portugal e Castela (Affaitadi, Cretico, Marchioni, Pisani e
Trevisano) vão aludir constantemente ao descobrimento da Terra dos Papagaios -
designação que lhe foi atribuída por esses diplomatas e mercadores -, pondo em
relevo o encontro de uma terra desconhecida, a existência de populações
caracterizadas pela nudez e a abundância e variedade de papagaios. No mês de
Julho, verificou-se o gradual retorno dos restantes navios cabralinos, incluindo
a nau-capitânia52.
Somente a 28 de Agosto de 1501, o Venturoso escreveu aos sogros dando-lhes novas
dos sucessos da expedição de 1500 e referindo o achamento da Terra de Santa
Cruz53, o que desmente a ideia generalizada de que D. Manuel I comunicou
rapidamente aos Reis Católicos o descobrimento do Brasil, asserção que não
corresponde à realidade dos factos, conforme comprova a análise cuidada da
cronologia.
A conclusão a retirar não pode, pois, deixar de ser a de que o rei de Portugal
propositadamente demorou mais de um ano (de Julho de 1500 a Agosto de 1501) a
dar conta a Isabel e Fernando das descobertas efectuadas pelos seus navios na
região austral. Fê-lo, ainda assim, nessa data, devido à insistência de Pêro
Lopez de Padilla, representante dos Reis Católicos na corte de Lisboa,
apresentando a desculpa diplomática de não os ter notificado mais cedo porque
quisera aguardar primeiramente pelo regresso do capitão-mor e depois pelo dos
restantes navios, preparando-se para o fazer quando o embaixador lhe transmitira
os seus desejos de receber notícias sobre os sucessos daquela armada. Em suma, o
Venturoso tinha conhecimento há mais de um ano do "achamento da terra nova"
quando comunicou o acontecimento aos reis de Castela e Aragão que, a partir de
então, tomaram conhecimento de que teriam de passar a partilhar de facto com
Portugal a terra firme ocidental.
O comportamento de D. Manuel I relativamente à divulgação dos resultados obtidos
pela esquadra de Cabral foi diametralmente oposto àquele que adoptou aquando do
descobrimento do Caminho Marítimo para a Índia. Neste último caso, o monarca,
dois dias após a entrada do primeiro navio da armada de Vasco da Gama na barra
do Tejo, apressou-se a escrever aos Reis Católicos, transmitindo-lhes
euforicamente o feliz sucesso da empresa, não esperando sequer pelo retorno do
comandante da expedição. Relativamente à descoberta do Brasil, o soberano não só
não deu qualquer informação sobre o regresso da naveta de mantimentos com os
vários relatos sobre o "achamento da terra nova", como retardou o mais possível
a sua participação, fazendo-o num tom de "prudência e júbilo moderado"54.
Importa, pois, procurar encontrar os motivos que permitam interpretar uma tão
significativa diferença de atitudes em relação às duas situações.
Ao receber as notícias sobre a descoberta da grande terra firme austral - cujas
estremas setentrional e meridional eram desconhecidas - D. Manuel apercebeu-se
que, para além de ter batido os Reis Católicos na corrida pela chegada ao
Oriente (1499), acabava de abrir uma nova frente de competição com Castela,
desta vez no hemisfério ocidental (1500). Terá considerado, então, mais
adequado, devido às prioridades em assegurar a sucessão do trono (negociações
para o seu casamento com a infanta D. Maria) e em ampliar militarmente a
presença portuguesa no Oriente e no Norte de África, não permitir a divulgação
de notícias sobre o assunto até se encontrar na posse de informações precisas
sobre os limites da Terra de Santa Cruz, para o que mandou aparelhar a
esquadrilha que confiou a Gonçalo Coelho. No entanto, o regresso do Índico dos
navios cabralinos, o primeiro dos quais pertencia a particulares, tornou pública
a descoberta daquela terra.
Os Reis Católicos - alertados pelos rumores que circulavam sobre o achamento,
por navios lusos, de terras no poente que poderiam estar situadas no seu
hemisfério de influência - deram instruções ao seu representante em Portugal
para que insistisse junto do "dilecto filho" no sentido de lhes dar conta dos
resultados obtidos pela segunda armada da Índia. O monarca lusitano, pressionado
pelo embaixador dos sogros, enviou-lhes uma missiva (28 de Agosto de 1501),
redigida em linguagem muito cautelosa e ambígua, em que atribui a descoberta
feita por Cabral a um "milagre divino", sublinhando que a mesma era muito
conveniente e necessária para a navegação da Índia55. Omite, todavia, os dados
sobre a posição geográfica da Terra de Vera Cruz, bem como os resultados das
medições de latitude efectuadas em Porto Seguro56 e não faz a mínima referência
ao envio da expedição de Coelho que havia partido de Lisboa em Maio.
O selo de secretismo com que o Venturoso rodeou os resultados náuticos da
expedição de Cabral encontra-se bem patente numa missiva, datada de 10 de Agosto
desse ano, em que Ângelo Trevisano, secretário do embaixador veneziano (Domenico
Pisani) junto de Isabel e Fernando, informava o analista Malapiero que não tinha
sido possível obter uma carta de marear da referida viagem, "porque o rei impôs
a pena de morte a quem a mandar para fora"57.
Idêntica política foi prosseguida nos anos seguintes. Quando Vespúcio regressou
da viagem de 1503-1504, D. Manuel I confiscou-lhe os documentos de cariz náutico
que estavam em sua posse, nunca tendo procedido à sua devolução. Na sequência do
retorno do florentino a Castela, foi promulgado o Alvará de 13 de Novembro de
1504 que proibia os cartógrafos, sob pena de perda dos bens, de representarem a
costa a partir do rio de Manicongo58, facto que demonstra a preocupação régia em
impedir "a divulgação de qualquer notícia sobre a costa recentemente
descoberta"59.
NOTAS
1 - Cfr. Francisco MORALES PADRÓN, Historia del Descubrimiento y Conquista de
América, 5ª ed. revista e aumentada, Madrid, 1990, pp. 151-152.
2 - O original, pertencente à Real Academia da História de Madrid, além de ter
sido publicado no Boletim daquela instituição, foi integralmente transcrito por
F. Félix LOPES, Fr. Henrique de Coimbra. O Missionário. O Diplomata. O Bispo,
Lisboa, 1973, pp. 2-4.
3 - Redigida em latim, foi descoberta no arquivo da Casa, Corte e Estado de
Viena, tendo a sua existência sido divulgada, em 1979, por Peter Krendl que a
publicou no ano seguinte. Cfr.José Manuel GARCIA, "A Carta de D. Manuel a
Maximiliano sobre o Descobrimento do Caminho Marítimo para a Índia": Oceanos
(Lisboa), 16 (1993), pp. 28-32.
4 - Pub. por João Martins da Silva MARQUES, Os Descobrimentos Portugueses, vol.
III (1461-1500), Lisboa, 1971, doc. 341, pp. 549-550. Sobre esta importante
personalidade, veja-se o estudo de Manuela MENDONÇA, D. Jorge da Costa, "Cardeal
de Alpedrinha", Lisboa, 1991.
5 - Mercador e lapidário judeu que foi levado para Lisboa e aí convertido ao
cristianismo, ficando a ser conhecido por Gaspar da Gama. Cfr. Elias LIPINER,
Gaspar da Gama, um Converso na Frota de Cabral, Rio de Janeiro, 1987, pp.
77-104.
6 - Cfr. Alfredo Pinheiro MARQUES, Portugal e o Descobrimento Europeu da
América. Cristóvão Colombo e os Portugueses, Lisboa, 1992, pp. 81-83.
7 - Cfr. Cristóvão COLOMBO, Los Cuatro Víajes. Testamento, ed. de Consuelo
Varela, Madrid, 1986, p. 27.
8 - Cfr. Francisco MORALES PADRÓN, op. cit., pp. 144-150.
9 - Trad. e pub. por Duarte LEITE, Os Falsos Precursores de Álvares Cabral, 2ª.
ed. melhorada, Lisboa, s.d., p. 86.
10 - Cfr. F. Félix LOPES, op. cit., pp. 11-12.
11 - Carta Régia de 3 de Dezembro de 1499 a Miguel Péres de Almaçam, secretário
dos Reis Católicos, pub. por IDEM, ibidem, pp. 2-3.
12 - Cfr. Carlos Alberto Encarnação GOMES, "Novos elementos para o estudo da
viagem de 1500 ao Brasil": Anais do Clube Militar Naval (Lisboa), CXIX (1989),
pp. 9-27.
13 - Pub. por A. Fontoura da COSTA, Os Sete Únicos Documentos de 1500,
conservados em Lisboa, referentes à Viagem de Pedro Álvares Cabral, Lisboa,
1940, pp.11-12.
14 - Cfr. Francisco Leite de FARIA, Pensou-se em Vasco da Gama para Comandar a
Armada que Descobriu o Brasil, Lisboa, 1978.
15 - Cfr. "Borrão original da primeira folha das instruções de Vasco da Gama
para a viagem de Cabral", pub. por A. Fontoura da COSTA, op. cit., pp. 15-20.
16 - Pub. por IDEM, ibidem, op. cit., pp. 23-46.
17 - Pub. por Alexandre LOBATO, "Dois novos fragmentos do Regimento de Cabral
para a Viagem da Índia em 1500": Studia (Lisboa), 25 (1968), pp. 31-49.
18 - Pub. por A. Fontoura da COSTA, op. cit., pp. 50-53.
19 - Pub. por Isaías da Rosa PEREIRA, "Documentos inéditos sobre Gonçalo Gil
Barbosa, Pêro Vaz de Caminha, Martinho Neto e Afonso Furtado, escrivães da
despesa e receita do feitor Aires Correia (1500)": Congresso Internacional
Bartolomeu Dias e a sua época. Actas, vol. II, Porto, 1989, pp. 505-513.
20 - Existem diversas versões sobre a composição da esquadra cabralina. Optámos
por aquela que consta do maior número de fontes (Relação das Naus e Armadas,
Crónica do Descobrimento, Livro das Armadas, etc.) e que foi mais amplamente
divulgada pelos cronistas (Castanheda, Barros e Góis), recolhendo o consenso
mais alargado. Cfr. Relação das Naus e Armadas da India..., ed. de Maria
Hermínia Maldonado, Coimbra, 1985, pp. 10-11.
21 - Cfr. Pêro Vaz de CAMINHA, Carta a El-Rei Dom Manuel sobre o Achamento do
Brasil, ed. de M. Viegas Guerreiro e Eduardo Nunes, Lisboa, 1974, pp. 32-33.
22 - Cfr. Max Justo GUEDES, O Descobrimento do Brasil, 2ª ed., Lisboa, 1989, p.
100.
23 - Cfr. idem, ibidem, pp. 100-103.
24 - Cfr. idem, "O Condicionalismo Físico do Atlântico e a Navegação à Vela":
História Naval Brasileira, Rio de Janeiro, 1975, vol. I, t. 1, p. 126.
25 - Cfr. IDEM, O Descobrimento do Brasil, p. 103.
26 - Pêro Vaz de CAMINHA, op. cit., p. 33.
27 - idem, ibidem, pp. 33-34.
28 - idem, ibidem, p. 35.
29 - Cfr. Fernando Lourenço FERNANDES, A Armada de 1500 e as Singularidades de
Arribada na Escala do Atlântico Sul, Lisboa, 1993, p. 13.
30 - Cfr. Sousa VITERBO, Trabalhos Náuticos dos Portugueses, Séculos XVI e XVII,
Lisboa, 1988 , Parte II, pp. 209-210.
31 - Cfr. Pêro Vaz de CAMINHA, op. cit., pp. 36-37.
32 - Um dos melhores pilotos do seu tempo. Já tinha participado na viagem de
descobrimento do Caminho Marítimo para a Índia como piloto da nau Bérrio,
comandada por Nicolau Coelho. Cfr. Sousa VITERBO, ob. cit., Parte I, pp. 91-92.
33 - Cfr. João de BARROS, Ásia. Primeira Década, Coimbra, 1932 , p. 127.
34 - Bacharel em artes e medicina, físico e cirurgião régio. Sobre a importância
da sua obra, veja-se Joaquim Barradas de CARVALHO, La Traduction Espagnole du
«De Situ Orbis» de Pomponius Mela par maitre Joan Faras et les notes marginales
de Duarte Pacheco Pereira, Lisboa, 1974.
35 - Cfr. A. Fontoura da COSTA, A Marinharia dos Descobrimentos, 4ª ed., Lisboa,
1983, p. 120-122.
36 - Pub. IDEM, Os Sete Únicos..., pp. 105-110. Um historiador da náutica chegou
à conclusão que o "mapa-múndi de Bisagudo tinha marcadas as latitudes, isto é,
tinha desenhado um meridiano graduado em graus, pois só assim poderia D. Manuel
verificar o «sítio desta terra», que mestre João indicava estar em 17º S" IDEM,
A Marinharia dos Descobrimentos, p. 205.
37 "Navegação do capitão Pedro Álvares Cabral escrita por um piloto português":
O Reconhecimento do Brasil, dir. de Luís de Albuquerque, Lisboa, 1989 , p. 39.
38 - Cfr. Jaime CORTESÃO, A Carta de Pêro Vaz de Caminha, Rio de Janeiro, 1943,
pp. 95-96.
39 - "Navegação do capitão..., pp. 39-40.
40 - Cfr. A. Teixeira da MOTA, "Reflexos do Tratado de Tordesilhas na
Cartografia Náutica do Século XVI": El Tratado de Tordesillas y su Proyección,
vol. I, Valladolid, 1973, p. 142.
41 - Cfr. Moacyr Soares PEREIRA, Capitães, Naus e Caravelas da Armada de Cabral,
Lisboa, 1979, p. 84.
42 - Cfr. Damião de GÓIS, Crónica do Felicíssimo Rei D. Manuel, prefácio de
David Lopes, vol. I, Coimbra, 1949 , p. 109.
43 - Cfr. idem, ibidem, pp. 110-114.
44 - Cfr. Carta de El-Rei D. Manuel ao Rei Catholico..., Lisboa, 1892 , p. 21.
45 - Cfr. Moacyr Soares PEREIRA, "A Ilha Brasileira do Planisfério da Casa
d'Este": Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro (Rio de
Janeiro), 309 (1975), pp. 27, 47, 103-104, 126.
46 - Cfr. Consuelo VARELA, Cólon y los Florentinos, Madrid, 1988, pp. 83-93.
47 - Cfr. idem, Amerigo Vespucci, un Nombre para el Nuevo Mundo, Madrid, 1988,
pp. 32-60.
48 - Américo VESPÚCIO, Cartas de Víaje, introd. e notas de Luciano Formisano,
trad. castelhana, Madrid, 1986 , p. 66.
49 - Influente negociante florentino radicado em Lisboa, onde se alcandorara à
posição de importante colaborador dos reis de Portugal desde D. João II.
50 - Cfr. idem, ibidem, pp. 66-73.
51 - Cfr. Carta de João Francisco de Affaitadi a Domingos Pisani (Lisboa, 26 de
Junho de 1501), pub. por Max Justo GUEDES, O Descobrimento do Brasil, pp.
149-152.
52 - Cfr. "Navegação do capitão Pedro Álvares Cabral …", pp. 62-63.
53 - Cfr. Carta de D. Manuel aos Reis Católicos (28 de Agosto de 1501), pub. in
História da Colonização Portuguesa do Brasil (doravante HCPB), dir. de Carlos
Malheiro DIAS, vol. II, Porto, 1923, pp. 165-167.
54 - C. Malheiro DIAS, Introdução: Ibidem, vol. I, Porto, 1921, p. XXXI.
55 - Cfr. António Alberto Banha de Andrade, Mundos Novos do Mundo. Panorama da
difusão, pela Europa, de notícias dos Descobrimentos Geográficos Portugueses,
Lisboa, 1972, vol. I, pp. 267-271.
56 - Cfr. Luís de ALBUQUERQUE, Os Guias Náuticos de Munique e Évora, Lisboa,
1965, p. 66, nota 135.
57 - Duarte LEITE, "O Mais Antigo Mapa do Brasil": HCPB, vol. II, p. 227.
58 - Pub. in Alguns Documentos do Archivo Nacional da Torre do Tombo acerca das
Navegações e Conquistas Portuguezas, Lisboa, 1892, pp. 138-139.
59 - Luís de ALBUQUERQUE, op. cit., p. 11.
Melhores cumprimentos
Maria Benedita
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